¡No vale ni la bula de Meco!

¡No vale ni la bula de Meco!

¿Has oído la frase “No vale ni la bula de Meco” para referirse a algo de lo que es imposible librarse de ninguna manera? Se debe a que los habitantes de Meco, en el siglo XV, recibieron una bula por la que podían saltarse el ayuno impuesto por el Papa, que por aquel entonces había que hacer todos los viernes del año y otros días establecidos. ¿Y a qué se debía esa excepción?

¿Has oído la frase “No vale ni la bula de Meco” para referirse a algo de lo que es imposible librarse de ninguna manera? Se debe a que los habitantes de Meco, en el siglo XV, recibieron una bula por la que podían saltarse el ayuno impuesto por el Papa, que por aquel entonces había que hacer todos los viernes del año y otros días establecidos. ¿Y a qué se debía esa excepción? Pues al simple hecho de que durante mucho tiempo se pensó que esta localidad (junto con algunas aledañas) era el punto más alejado de cualquier costa y, por tanto, el más difícil de proveer de pescados para poder cumplir con este tipo de preceptos. Eso sí, el ayuno de Cuaresma sí que había que cumplirlo, ahí sí que no valía ¡ni la bula de Meco!

Curiosidades

Yo que tú no lo haría, forastero


¿Sabías que la expresión "yo que tú no lo haría, forastero" no nació al sur de Oklahoma City, sino al norte de Burgos City?
Curiosidades

¡Atento al suelo!


Menos llorar y rezar por el difunto, hoy en día la funeraria se encarga de todo. El proceso es tan distante que, al parecer, la muerte de un ser querido, desde el punto de vista psicológico, no se asume hasta pasado más de un mes.
Curiosidades

¿Sabías que para los Reyes Visigodos era muy importante que no les "tomaran el pelo"?


En la España visigoda, al menos, el pelo largo era un distintivo real y la parte del cuerpo de la que se suponía que “emanaba” el poder real. En las luchas y escaramuzas de la época, una forma común en la España visigoda de destronar a un monarca e inhabilitarle de por vida para el mando era afeitarle la cabeza, ¡menuda afrenta!
Curiosidades

¡Pleitos tengas y los ganes!


En el más antiguo sistema judicial romano (cuando Roma era solo una pequeña villa de agricultores y ganaderos) establecía un proceso llamado Legis Actione, por el cual las partes implicadas en un juicio debían pronunciar solo unas palabras determinadas por la ley y que no podían cambiarse, pues daban a estas el valor de fórmulas sagradas que no se podían alterar.